domingo, 17 de julio de 2016

Lento pero avanza: caracol

San Cristóbal nos recibió rompiendo con el clima monocorde y caluroso que nos vino acompañando en todo centroamérica; clima lluvioso y fresco, pero como decían los amigos Silvia y Nelson (amigos de la familia montevideanos), " si no te gusta el tiempo espera 5 minutos". Así es San Cristóbal, en un día se pasa por todos los estados climáticos.
Los otros dos aspectos destacados del inicio de la estadía fueron, descubrir el campamento de huelga del sector docente y el sector salud, y la salmonera que venía acarreando desde Guatemala, sumada a un salpullido en la piel, producto de algún bicho, que para tranquilidad de todos no es dengue ni zicungunya, pero que según el médico podría ser un símil menos grave.





La enfermedad pasó pronto; felices con el clima nuevo y cambiante y con la visibilidad de la situación política, empezamos a encontrarnos con todo lo que esperábamos y nos esperaba en San Cris ( como le dicen todos).
Llegamos a casa de Paulina y Luca, que además de ser linda y cómoda, se convirtió muy pronto en el hogar que tanto ansiábamos.
Esta pareja ítalo_ mexicana, nos hizo sentir como en casa,y hasta tiene un hogar...de cartón... jaja, lo que refleja su espíritu alegre y divertido. Con ellos compartimos extensas charlas de aquí, de allá, y  acullá, algunas salidas y comidas, y algún otro momento de trivial.
Al segundo día de estadía en el nuevo hogar, reencontramos a un compañero Cordobés al que conocimos en Nicaragua ( bueno yo conocí en Nicaragua y Rodo en Panamá) que también alegro nuestro comienzo en la ciudad con música y mates.



San Cristóbal es un lugar bellísimo con mucha vida,pero la necesidad de caserear, en todos los sentidos nos llevó a estar bastante adentro.  No impidió por suerte pasear por el centro, los mercados, la localidad de San Juan chamula, con su iglesia, ritos y feria, etc. E incluso por el súper al que íbamos muy contentos cuando la lluvia y la fiaca nos invitaban a quedarse dentro.



Iglesia de San Juan Chamula 


Uno de nuestros objetivos centrales en San Cristóbal era ir a un caracol zapatista; esta entrada la escribí estando por allá  en medio de la selva Lacandona.


Nuestro campamento 

Todo un acontecimiento ya, ir con nuestra carta de aval, (gracias Mati!) a Frayba, a ver qué cuernos nos decían: si llegábamos al curso, si nos echaban por no entender nada de nada, si finalmente nos asignaban un lugar al que ir. Cada pasito una incertidumbre, pero finalmente todo salió como lo planeamos. Obviamente, porque si no, no estaría acá.
Salimos de Frayba tras la charla introductoria, con Max, nuestro nuevo compañero de ruta. Un pibe de 22 años, norteamericano, muy piola. Directamente a hacer prepariativos!!! Compras de todo tipo, desde hamacas para dormir, hasta ocote para encender el fuego( unas maderitas que encienden enseguida y te las venden en bolsitas).
Dos días más tarde, nos encontramos con Max en la terminal de buses para emprender el viaje. Llegar al caracol y luego a la comunidad asignada, fue mucho más sencillo de lo que pensé. El paso por la Junta breve y muy poco extravagante. Será que ya sabía que habría como 7 personas observándolo todo.






El lugar donde se encuentra el campamento, un hotel recuperado tras la huida de su dueño, no es el más cómodo, pero he conocido peores. Algunos lugares eco friendly hasta crean condiciones similares a propósito para el turista. La estadía en sí misma no es ni fácil ni difícil,puede llegar a ser aburrido o lento... no obstante, con el paso de los días, me di cuenta de que en este proceso efectivamente aprendí sobre zapatismo, y que estar en esta región selvática,viviendo al lado de familias muy muy humildes, haciendo el intento de comprender su organización, sus modos de vida y su idioma, son sin duda, experiencias únicas e irrepetibles. La huella que dejan, junto con algunas otras vivencias que repaso mentalmente, son parte del corazón de este viaje. Así que habiendo pensado en todo esto, mientras el río turquesa me bañaba hasta la cintura y mirando un paisaje exuberante y verde, me llené de alegría.










Por último, todo éste período y quizás un poco antes incluso, fue acompañando de un halo de nostalgia, que no opacó para nada la felicidad.
Extrañitis en porteño, de la casa, las charlas, las comidas preferidas, los afectos. Lo que me recordó lo que es obvio y trillado: valorar lo que se tiene y... que siempre se quiere lo que no se tiene( dos caras de la misma cosa); por
 lo que con seguridad, cuando esté allá querré y extrañaré estar acá, en estos nuevos y bellísimos paisajes, conociendo personas en cada caminito. Así que....a disfrutar a pleno lo que queda!!!!

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